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HISTORIA DEL BEATO SCALABRINI |
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Ante
todo, fue pastor. Puede ser considerado
uno de los actualizadores de la Reforma
Tridentina, siguiendo los pasos de San Carlos
Borromeo y de San Francisco de Sales, lo
prueban:
• La reestructuración global
catequética: organizó la catequesis,
llevó a cabo el Primer Congreso Catequístico
Nacional (1889), dio vida a una Revista
Catequística (1876) y escribió
sobre el tema, tanto que el Papa Pío
IX lo llamó “Apóstol
del Catecismo”.
• La intensidad del anuncio de la
Palabra, tanto predicada, como escrita.
Testimonio de esto son sus 60 cartas pastorales
y abundantes escritos sobre temas teológicos,
sociales y migratorios, además de
la fundación de diarios y revistas.
Juan Pablo II lo llamó “Mártir
de la Verdad”.
• La reforma de los seminarios.
• Las cinco visitas pastorales conducidas
personalmente en las 366 parroquias de la
diócesis, durante las cuales tomó
conciencia y comenzó a interesarse
por las personas que emigraban. Así,
el Papa Pío XII lo definió
“hombre verdaderamente apostólico”.
• La legislación y el magisterio
de los tres sínodos diocesanos.
• La renovación del espíritu
pastoral del clero.
• El florecimiento del culto.
Por otra parte, con razón es considerado
precursor de tiempos y métodos nuevos:
como dijo de él el Papa Pablo VI,
afrontó con valor y clarividencia
los grandes problemas de su tiempo, a saber:
• La legítima libertad de opinión
en el “problema filosófico”.
• La participación de los católicos
en la vida política de Italia después
de la unificación en el debate sobre
el “problema romano”.
• El nuevo contacto de la Iglesia
con el pueblo, personificado especialmente
en la emergente clase obrera.
• En la solución del “problema
social”.
• En su acción caritativa hacia
los más desprotegidos y necesitados:
las recolectoras de arroz (1903), los sordomudos
(1879), los presos, los enfermos, las familias
venidas a menos, las cooperativas agrarias
y Sociedad de Socorro Mutuo. Y en las grandes
calamidades públicas, durante las
cuales llegó a vender su carruaje
y el mismo cáliz que le regalara
el Papa. El Papa Benedicto XV lo dominó
“Príncipe de la Caridad”.
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Fundador de las Congregaciones
de San Carlos Borromeo
Su nombre, sin embargo, está unido sobre
todo a la emigración: en el momento en
que se presentó a la Iglesia y a la sociedad
esparcidos principalmente en las américas.
Con este fin, el 28 de noviembre de 1887, fundó
en Piacenza la Congregación de los Misioneros
de San Carlos Borromeo para los emigrados; el
25 de octubre de 1895 la Congregación de
las Misioneras de San Carlos Borromeo y en 1889
dio inicio a la Asociación de Patronato
San Rafael a fin de que los mismos laicos se comprometieran
a favor de los migrantes asistiéndolos
en los puertos de embarque y de llegada.
Él mismo visitó personalmente a
los migrantes en Estados Unidos (1901), Brasil
y Argentina (1904). Pocos días antes de
su muerte envió al Papa un documento con
sus propuestas para la atención de los
migrantes que luego fueron implementadas por la
Iglesia.
Murió el 1 de Junio de 1905 en concepto
de santidad. Sus restos fueron trasladados a la
catedral de Piacenza en 1919. Desde entonces su
tumba es meta cotidiana de numerosos fieles. Fue
Beatificado el 9 de noviembre de 1997.
Padre de los Migrantes
El Beato Mons. Juan Bautista
Scalabrini es una de aquellas figuras que asumen
contornos cada vez más precisos y sorprendentes
cuando a través del tiempo, de personajes
de la crónica se convierten en personajes
de la historia.
Por su intermedio Dios hizo florecer en la iglesia
y para la Iglesia, como don del Espíritu,
un nuevo carisma que tiene en el peregrino su
espiritualidad y en el servicio al migrante su
pastoral específica.
Podemos afirmar que los migrantes y los refugiados
tienen en el Beato Scalabrini un Padre y un Intercesor
para sus derechos y su dignidad ante Dios y ante
los hombres. Al mismo tiempo su testimonio nos
invita a una acción caritativa hacia los
millones de personas que, aún hoy, se encuentran
desamparados a causa de los problemas que surgen
por la emigración y el desplazamiento forzoso.
Los Misioneros Scalabrinianos, siguiendo las huellas
de nuestro fundador, damos gracias a Dios por
este don. Y, en la Iglesia que públicamente
proclama la actualidad de este carisma, nos ponemos
al servicio del proyecto de reunir a todos los
hijos dispersos de Dios alrededor de la misma
Mesa.
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